Hay cuatro formas de poner moqueta, y la elección se decide con dos preguntas: cuánto se va a pisar y si algún día habrá que quitarla. La segunda es la que más gente pasa por alto y la que más cara sale.
Antes de nada: el suelo
La moqueta se pone sobre un suelo plano, seco y limpio. Los tres adjetivos son condiciones, no consejos.
Plano, porque cualquier junta o desnivel se marca a través del pelo y acaba siendo una línea de desgaste. Limpio, porque el polvo arruina tanto la cinta como la cola. Y seco: un suelo con humedad ascendente descarta la moqueta directamente, sin discusión. La humedad atrapada bajo un textil no se seca nunca y termina en olor y en moho.
Los cuatro métodos
Suelta
La moqueta se corta a medida y la sujeta solo el rodapié. Es lo más rápido y lo más reversible que existe, y funciona en una habitación pequeña por la que casi no se pasa. En cuanto hay tránsito, la moqueta se desplaza y hace bolsas.
Con cinta de doble cara
Cinta en todo el perímetro y en las uniones entre tiras. Es el método del alquiler y el término medio razonable: sujeta de verdad y al retirarla una cinta removible no deja el suelo hecho un desastre. En habitaciones grandes conviene reforzar también alguna banda intermedia.
Encolada a toda superficie
Adhesivo en todo el suelo y moqueta encima. Es la más estable y la que mejor aguanta el paso intenso, y por eso se usa en locales. También es la que crea el problema del que trata cómo quitar la moqueta: años después, el pegamento cuesta más trabajo que toda la instalación. Piénsalo antes de encolar sobre un suelo que quieras conservar.
Tensada sobre rastreles perimetrales
Es la instalación profesional clásica de vivienda. Se clavan unos listones con púas en todo el perímetro, se coloca la base y encima la moqueta, que se estira con una herramienta y se engancha en las púas. Da el mejor tacto de los cuatro métodos, se puede levantar sin destrozar nada y necesita oficio: no es un método para aprender en tu propio salón.
Las losetas: el caso aparte
Las losetas se colocan una a una, y eso cambia todas las reglas. No hay que manejar un rollo de cincuenta kilos, los cortes son pequeños y si te equivocas en una, tiras esa. Las autoadhesivas traen el pegamento puesto y las hay de colocación libre, que se sujetan por peso y fricción.
Es el método razonable para hacerlo uno mismo, y el que elegiríamos para un despacho, un vestidor o una zona de juego. La pega es que las juntas se ven de cerca; a cambio, cuando una loseta se estropea se cambia esa y no la habitación entera.
Qué hace falta
- Cúter con hojas de repuesto. Muchas: una hoja roma desgarra el pelo.
- Regla metálica larga o listón recto para guiar el corte.
- Metro y escuadra.
- Rodillo o taco de madera para presionar las uniones.
- Rodilleras. No es una broma: se trabaja de rodillas horas.
- Cinta de doble cara o adhesivo, según el método.
Los errores que se pagan caros
No dejar aclimatar el material. La moqueta llega enrollada y del almacén. Extendida un día en la habitación donde va a vivir, se asienta y se relaja; colocada recién sacada del rollo, encoge o se estira después.
Cortar justo. Se corta con margen y se recorta contra la pared al final. Al revés no hay vuelta atrás. Cuánto margen dejar y cuántos metros pedir lo calcula la calculadora de metros.
Ignorar el sentido del pelo. Todas las tiras tienen que ir en el mismo sentido. Si una va girada, desde la puerta se ven dos tonos distintos aunque sean del mismo rollo, y no tiene arreglo salvo levantándola.
Empezar por el centro. Se empieza por la pared más recta y larga, y se avanza desde ahí. Empezar por el medio garantiza que al llegar al final nada cuadre.
Hacerlo uno mismo o llamar a alguien
Nuestro criterio, sin adornos: losetas, sí. Cualquiera con paciencia y un cúter decente pone losetas en una habitación. Rollo con cinta de doble cara en una habitación rectangular, también, si sois dos personas. Rollo tensado sobre rastreles o encolado, no: la herramienta es específica, el material es caro y un error no se corrige, se compra otra vez.
Y las escaleras, aunque parezcan poca superficie, son el trabajo más difícil de todos. Ahí se paga a un profesional sin remordimientos.