Una moqueta profesional se diferencia de la doméstica en tres cosas concretas: la clase de uso, el certificado de reacción al fuego y la capacidad de repararse por piezas. No en la calidad, que es lo que suele dar a entender el catálogo.
Las tres diferencias que importan
1. La clase de uso va de 31 a 33
La norma europea EN 1307 clasifica las moquetas con dos dígitos: el primero dice dónde (2 es una vivienda, 3 es un espacio profesional) y el segundo, cuánto se pisa. En contract solo se trabaja con la familia del 3.
2. El certificado de reacción al fuego
En una vivienda nadie te lo va a pedir nunca. En un local, un hotel o un recinto ferial te lo van a pedir por escrito, y el material tiene que cumplirlo aunque no te lo pidan. Lo desarrollamos en el apartado siguiente, porque es donde más información equivocada circula.
3. El formato en losetas
Es la diferencia que más dinero ahorra a lo largo de los años. Una moqueta profesional no se gasta de forma uniforme: se gasta en las líneas de paso, que son una fracción pequeña de la superficie. Con losetas se reponen esas y nada más; con rollo hay que levantar la sala.
Lo que dice la ley y lo que te va a pedir el recinto
Esta es la sección por la que existe esta página. Circula por el sector la idea de que la clase Bfl-s1 es obligatoria en cualquier recinto público. El Código Técnico no dice eso.
La tabla 4.1 del Documento Básico SI fija la clase mínima de reacción al fuego de los revestimientos de suelo según dónde estén:
Fuente: Código Técnico de la Edificación, Documento Básico SI, tabla 4.1. La columna de ejemplos es criterio nuestro, no del Código Técnico.
Ahora bien: un recinto ferial, un centro comercial o la propiedad de un edificio pueden exigir por pliego una clase más estricta que la legal, y muchos lo hacen. Eso también es real y también hay que cumplirlo. Lo único que no es cierto es presentarlo como si lo exigiera la ley.
Qué hacer con esto: pide por escrito qué clase exige tu recinto o tu licencia, y pide al proveedor la declaración de prestaciones del material. Son dos documentos, no uno, y no siempre coinciden.
Gramaje y densidad: qué preguntar
Además de la clase, en contract se habla de gramaje. En losetas de poliamida para oficina es habitual encontrar en catálogo pelos de unos600 g/m², y pesos totales de la loseta, ya con su respaldo, del orden de 4.300 g/m² con unos 6 mm de espesor. Son ejemplos de catálogo, no un estándar: sirven para saber qué preguntar y comparar entre ofertas, no para exigir una cifra.
A igualdad de fibra, más gramaje es más densidad, y más densidad es más resistencia al aplastamiento. Lo que no puede es compensar una clase de uso insuficiente.
El coste que casi todo el mundo calcula mal
El precio por metro cuadrado del material es la parte pequeña y la única que se compara. Lo que decide el gasto real a cinco años es otra cosa:
- La reposición. Con losetas se cambian las líneas de paso; con rollo, la sala.
- El mantenimiento. Una moqueta profesional necesita limpieza intermedia cada pocos meses y a fondo una o dos veces al año. Está en la guía de limpieza, con la tabla de frecuencias según el tránsito.
- Las horas de espacio cerrado. Una limpieza a fondo deja la zona fuera de servicio media jornada. En un hotel o en una tienda, eso es dinero.
Y el argumento que convence a quien paga
El ruido. Una moqueta reduce los ruidos de impacto entre 25 y 30 decibelios, frente a los 5 a 15 de un suelo duro. En una oficina abierta o en un pasillo de hotel esa diferencia se nota el primer día y no depende de ningún criterio estético.